Damos gracias al Señor por permitirnos dar continuidad a la exposición consecutiva del evangelio de Mateo. En el estudio de hoy nos adentramos en el pasaje de Mateo 19:1-30, donde el hilo conductor que enlaza tres situaciones de vida aparentemente distintas es la genuina humildad. El texto nos confronta con el modelo perfecto de Jesucristo y nos enseña que en el reino de Dios la verdadera grandeza no radica en la autosuficiencia, el orgullo ni la confianza en las riquezas, sino en un corazón dócil, una dependencia absoluta como la de un niño y la disposición de humillarnos ante nuestro Salvador.
1. La Humildad en el Matrimonio y la Confrontación del Divorcio
Al pasar a Judea, grandes multitudes siguen a Jesús y Él los sana y enseña. Nuevamente, los fariseos se acercan para tenderle una trampa consultándole sobre el divorcio.
- El diseño original frente a las corrientes de la época: En aquel tiempo coexistían la escuela liberal de Hillel (que permitía el divorcio por cualquier motivo) y la escuela conservadora de Shamai (que solo lo admitía por infidelidad). Buscando acusarlo de legalismo o laxitud moral, le preguntan si es lícito divorciarse. Jesús los lleva al origen de la creación (Génesis): Dios los hizo varón y hembra, y lo que Dios unió, no lo separe el hombre. El vínculo matrimonial es una unión divina tan estrecha que romperla destruye a las partes.
- La dureza de corazón y la verdadera humildad: Ante la objeción sobre la concesión de Moisés respecto a la carta de divorcio, Jesús aclara que fue dada únicamente por la dureza de sus corazones. La falta de humildad en el matrimonio se manifiesta en la altivez y el egoísmo que buscan romper la alianza. La genuina humildad, en cambio, implica un corazón dócil que se quebranta ante Dios, pide ayuda en el conflicto y se somete en obediencia a Su Palabra para buscar la reconciliación y la paz.
2. La Humildad y la Dependencia Absoluta: Jesús Bendice a los Niños
Frente a la actitud de los discípulos que reprendían a quienes traían a los niños para que el Señor orara por ellos, Jesús les da una lección magistral sobre el Reino.
- El modelo de los pequeños: Traer a los niños a los ancianos o maestros para recibir la bendición era una costumbre arraigada. Al decir que de los tales es el reino de los cielos, Jesús no alude a una inocencia innata, sino al carácter del “pobre de espíritu”. Un niño es el vivo ejemplo de la falta de recursos propios; depende por completo de lo que su padre le da y no puede autosostenerse.
- Presentarse con las manos vacías: El creyente debe presentarse ante Dios reconociendo que sin Él no puede vivir. Mediante una ilustración práctica, se enfatiza que para recibir el regalo de la vida eterna se requiere venir con las manos libres de las distracciones y ataduras del mundo. Aquel que se humilla y se reconoce dependiente como un niño es quien verdaderamente pertenece al Reino.
3. La Falsa Humildad: El Joven Rico y el Peligro de las Riquezas
La tercera situación presenta a un joven potentado que acude respetuosamente ante Jesús, arrodillándose para preguntarle qué cosa buena debía hacer para obtener la vida eterna.
- La prueba de la devoción: Al responder que había guardado los mandamientos de la ley, Jesús expone el verdadero cimiento de su corazón diciéndole que vendiera sus bienes, los diera a los pobres y le siguiera. Aunque el joven mostró una postura externa de reverencia, su humillación no fue genuina: se fue triste porque su vida estaba fundada en sus muchas riquezas y no estuvo dispuesto a soltar su ídolo.
- La imposibilidad humana y el premio del discipulado: Jesús advierte lo difícil que es para un rico entrar en el Reino, ilustrándolo con la metáfora del camello y el ojo de una aguja. Ante el asombro de los discípulos, les recuerda que la salvación es imposible para los hombres, pero para Dios todo es posible. Aquellos que renuncien a todo por causa del Señor recibirán cien veces más y heredarán la vida eterna, pues los primeros serán últimos y los últimos primeros.
📍 Versículos Clave
“Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre.” — Mateo 19:6
“Pero Jesús dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos.” — Mateo 19:14
“Jesús les dijo: De cierto os digo que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos… Para los hombres esto es imposible; mas para Dios todo es posible.” — Mateo 19:23, 26
“Asimismo, jóvenes, estad sujetos a los ancianos; y todos, sumisos unos a otros, revestíos de humildad; porque: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes. Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte a su debido tiempo.” — 1 Pedro 5:5-6
Conclusión
La humildad no es una postura externa ni un logro alcanzado de una vez y para siempre; es una batalla diaria contra nuestro propio orgullo, la soberbia y el autosostén. Incluso las cosas más dignas —como el estudio de la Palabra o el servicio— pueden convertirse en motivo de vanagloria si buscamos el reconocimiento propio en lugar de exaltar el nombre del Señor. Siguiendo el ejemplo del apóstol Pablo, debemos proseguir a la meta despojándonos de nosotros mismos y soltando toda carga terrenal. Que nuestra oración constante sea pedirle a Dios que nos conceda un corazón dócil, manos vacías para abrazar la salvación en Cristo y una actitud de diaria santificación para vivir únicamente para Su gloria.
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